COLEGIOS CAROS DE CURAS – novela de Ana García-Arroyo sobre la ‘vieja’ España de la enseñanza religiosa

 

COLEGIOS CAROS DE CURAS (Barcelona: Ellas Editorial, 2007, ISBN
978-84-934973-2-3 -www.ellaseditorial.com/novedades.htm) es la primera
novela de Ana García-Arroyo, estudiosa de la cultura india radicada en
Barcelona cuyas publicaciones anteriores incluyen Fábulas feministas
(traducción de la autora india Suniti Namjoshi, 2003), Sexualidades
alternativas e el arte y la cultura de la India (2006) y The Construction
of Queer Culture in India: Pioneers and Landmarks (2006). Se trata de una
narración, en tercera persona pero en un registro a la vez informal y
comprometido, que expone ciertas facetas del lado oscuro de una España
contemporánea que muy a menudo quiere presentarse al mundo como una
sociedad dinámica, moderna y europea, pero donde en realidad persisten
muchas lacras de su todavía reciente pasado autoritario.

La autora nos narra la historia de Ruth, profesora de literatura en
LaFillet, un (ficticio) centro de enseñanza secundaria de Barcelona,
perteneciente a la iglesia católica pero funcionando con concierto del
Estado. Cuando Ruth ingresa en el cuerpo docente del colegio, cree
sinceramente en la ideología oficial de una institución que afirma
consagrarse al amplio desarrollo de la entera personalidad de sus alumnos y
alumnas. Ruth es una persona que cree muy profundamente en la Educación con
mayúscula, que da todo su ser a sus clases y sus alumnos, que encara la
Literatura no como una mera asignatura que le toca impartir, sino como una
fuente viva de experiencias y conocimientos que nos ayuda a vivir mejor.
Además, es una gran apasionada de la cultura india, poseedora de una
sensibilidad abierta al multiculturalismo y la diversidad. No tolera las
prácticas abusivas, sean cuales sean los orígenes de éstas. No obstante y a
la larga, esta misma sensibilidad la llevará a una posición de
incompatibilidad con la mentalidad de LaFillet.

Efectivamente, con el transcurso del tiempo nuestra profesora se encuentra
cada vez más decepcionada y amargada. Se van multiplicando las
irregularidades y los desvaríos en el cuadro de la vida cotidiana del
colegio. La jerarquía presiona a los docentes a que falsifiquen las notas,
para mantener incólume la buena imagen académica del centro, ‘situado en
una posición de buen ver en el ranking de los colegios de Barcelona’ (p.
92). La delegada sindical descubre que su correo electrónico está siendo no
sólo controlado sino saboteado. Una empleada del colegio que contrata a un
abogado para que le suban el sueldo recibe llamadas telefónicas
amenazadoras, y desiste de su lucha. Ante la venta de drogas que se
practica con toda visibilidad en el centro, la dirección no quiere
reaccionar y hace la vista gorda, pues uno de los ‘camellos’ es no sólo
hijo de papá, sino hijo de un compinche del director. Así, se va acumulando
todo un catálogo de abusos y mezquindades.

Entre los peores sucesos de la vida de este singular colegio de ‘estimable
reputación’ figura el infeliz incidente que afecta a un estudiante,
Alfredo. Una pandilla de alumnos ‘normales’ le inflige una descomunal
paliza. Alfredo es un joven ejemplar y alegre que por el mero hecho de que
se sabe que es gay, sin complejos, y quiere muchísimo a su novio (Rahul, de
origen indio), tiene que enfrentarse a los comportamientos homófobos de
algunos de sus compañeros y profesores. Quien acepta defenderlo dentro del
colegio es Ruth, la cual va tramando unos lazos profundos de simpatía con
este alumno de bachillerato que se atreve a vivir en público el papel que
corresponde a su ser interior.

Más adelante, descubrimos que esta solidaridad tiene raíces tan hondas como
auténticas. Es que Ruth lleva dentro de sí un secreto. Si ella vino a
Barcelona para trabajar en LaFillet, fue para vivir con la persona que ama.
Y aunque durante muchos años ningún colega tiene idea de la realidad, esta
persona es una mujer – Marina, a quien conoció en un viaje a Egipto y que
resultó ser el gran amor de su vida. La autora nos revela las presiones
sociales, el camuflaje cotidiano, al que aún hoy se tienen que enfrentar
las personas que aman a alguien del mismo sexo: ‘Al final ambas decidimos
que mantendríamos silencio con aquellas personas que jamás entenderían lo
nuestro, y que, de una forma u otra, nos podrían perjudicar’ (p. 120).

¿Hasta qué punto va a degenerar la cada vez más ruinosa y anti-educacional
atmósfera del colegio LaFillet? ¿Hasta cuándo podrá Ruth, por muy buena
profesora que sea, aguantar las contradicciones de su situación allí? Ana
García-Arroyo entreteje una narrativa absorbente, a través de la cual quien
lee con sensibilidad se identificará con fuerza con la figura de Ruth y su
lucha para defender su personalidad frente al ambiente hostil que la cierne
y, a pesar de todo, lograr una mejor vida, en una Barcelona no tan liberal
como se la suele pintar.

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