AYUDITAS – RELATO de Cristina Galeano

 Como ya viene siendo habitual cada mes, os presento otro relato de la mano de CRISTINA GALEANO (Uruguay):

AYUDITAS

 

Entre vidrieras, al paso de mi bastón, muy desanimada, movía la cabeza de un lado a otro. Allí, definitivamente, no había obsequio alguno que pudiera reflejar mi emoción por la boda de mi nieta Ana María.

Seguía cavilando… Si bien a los chicos les vino estupendo despreocuparse del costo de la luna de miel ¡Es tan frío regalar un sobre con dinero!

¡Oh!, me asombré de pronto deteniéndome en un bien iluminado escaparate. ¡Qué variedad de electrodomésticos! ¡Qué sofisticados!

Recorría mi mirada: cuchillo eléctrico, multiprocesador, freezer con dispensador de agua helada, cocina dividida en partes: las hornallas por un lado… ¡y el horno por otro!, constaté, boquiabierta. Así, despacito, rumiando incredulidad, me dispuse a seguir la marcha.

 

“¡Qué distinto a aquella época!”, comparé en el acto zambullida de cabeza en el túnel del tiempo. ¡Sorprendente!, ya no necesitaba bastón; mis jóvenes recuerdos me hacían sentir más liviana. Mi mente viajaba, mis latidos, la acompañaban jubilosos… En un simple pestañear, como por arte de magia, había llegado a mi período de recién casada…

 

En aquel entonces la ropa se lavaba a mano y el hielo de la heladera se convertía en escarcha ¡Por supuesto!, picar era solo a cuchillo; el merengue crecía a tenedor y el justo sazón, sin eludir, lo regalaba la cuchara. La escoba y la franela, estaban a la orden del día, y el pulido de las ollas se hacía a puño y trapo… ¡Ah! ¡Imprescindible! El placer del buen comer comenzaba ¡siempre!, con aprontar la mesa, con mantel y servilletas de tela, con flores silvestres adornando su centro.

 

 Ayer, sin ir más lejos, a casi cumplir cincuenta años de casados, me comentó mi marido a la hora de la cena:

—Yolanda, ¡Qué delicioso! ¡Qué bien presentado! ¿Cómo haces para que te alcance el tiempo?

—Alberto, ¡ahora, es mucho más fácil! —le respondí con un suspiro de alivio y una graciosa guiñada. Tengo múltiples ayuditas en casa. Y, sin duda, entre los electrodomésticos que cooperan conmigo, el primer premio, lo merece la lavadora, ¡por lejos!

                                                                  

El barullo del Shopping, poco a poco, me hacía volver al presente. Apenas abrir los ojos, de lleno, ¡fulminante!, se me solucionó el dilema por el regalo de mi querida nieta. ¡Eso es lo que necesito! ¡Un cuento a medida! ¡Algo original, que traspase las fronteras del tiempo, sólo para ella…! Y seguía dándole forma a la idea… Con calidez, palabra a palabra, le iré trasmitiendo mis pensamientos. Será mi manera de susurrarle de mujer a mujer, en palabras entrelazadas como flores en guirnalda, alguna que otra ayudita… de esas que no se compran sino que se escuchan, y siempre vienen bien para lograr una buena convivencia. ¡Es tan sabio transmitir con amor el valor de la experiencia!

 

 Anita, nena ¡Aún no lo puedo creer! ¡Ya estás por casarte! Fue ayer, parece, cuando toda enharinada, aún estirándote para llegar a la mesa, me ayudabas a preparar y a decorar los bizcochuelos. Yo te felicitaba por ser tan creativa. ¿Recuerdas lo que un día me preguntaste?: “Abuela, ¿Qué quiere decir creatividad?”. Yo, de reojo, mientras cuidaba el punto del merengue italiano, con infinita ternura te observaba. ¡Eras aún tan chiquita para comprenderlo…!

 

 Hoy, querida, contártelo, en el día de tu boda, envuelto en este cuento a medida, es sentir que ese día ha llegado…

¿Sabes? Convivir y cocinar, muchas veces, están muy relacionados. ¡Observa! ¡Medita! ¡Recuerda!:

 

1-     Tener los ingredientes de la receta no asegura un buen resultado. Su calidad, es la clave del éxito. 

       Casarse no asegura un buen resultado. ¡Amar con generosidad, es la llave del éxito!

 

      2- ¡Mucha atención con la forma de mezclar los ingredientes! No es igual utilizar el polvo de hornear al principio que al final de un batido.

              ¡Mucha atención con la forma de plantear las diferencias! Y, del momento, ¡por supuesto!, dependerán las consecuencias.

 

       3-  La adecuada temperatura del horno es básica. Un bizcochuelo con el horno frío no crece, con el horno caliente se arrebata.

               Un ambiente de armonía en el hogar es básico. Hace que se deseé llegar…, o se prefiera la calle.

 

 

Ahora Anita, con mis ojos llenos de lágrimas, ha llegado el momento de responder tu pregunta, aquella que me hiciste cuando niña.

    

            Creatividad es convertir en inolvidable un simple arroz con queso.

            Creatividad es convertir en imperecederas dos sonrisas. Estas, las de hoy, las del instante en que juntos comiezan un camino.

 

Y así querida, para ti, con infinito cariño, desato la cinta de estas palabras entrelazadas como flores en guirnalda:

 

        ¡Viste de fiesta a la rutina! ¡Ponle música a la cena! ¡No pierdan la complicidad de una guiñada…! ¡Bailen descalzos aunque ya no tengan veinte años…!       

 

                                                   ¡Éxito!

 

Tu abuela Yolanda

 

  Autora- María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy

www.regalato.wordpress.com

 

 

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