‘THE HOBBIT’, PETER JACKSON’S FILM(S) AND J.R.R. TOLKIEN’S BOOK: WHO DOES THE TALE BELONG TO? / ‘EL HOBBIT’, LA(S) PELÍCULA(S) DE PETER JACKSON Y EL LIBRO DE J.R.R. TOLKIEN: ¿A QUIÉN PERTENECE EL RELATO?

‘The Hobbit: An Unexpected Journey’, released in December 2012, is the first instalment of Peter Jackson’s three-part film version of J.R.R. Tolkien’s much-loved work of fantasy ‘The Hobbit’. I at least found the film riveting from beginning to end, but it also raises complex questions concerning narrative authenticity and the whole issue of who it is that a story, literary or cinematic, belongs to.

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 The first edition of the book appeared in 1937, but Tolkien revised the narrative in later versions published in 1951 and 1966, to bring it into line with the trilogy which he had subsequently completed, ‘The Lord of the Rings’. What was originally a self-contained narrative relating Bilbo the hobbit’s journey and return home thus changed its nature by becoming a prelude to the longer work: ‘The Hobbit’ was no longer purely a story in its own right.

 The new film can so far only be judged provisionally: its content is not fully autonomous but is also determined by the second and third parts which the public has not yet seen, though hints and rumours are circulating. ‘The Hobbit: The Desolation of Smaug’ will be released in December 2013, to be followed in summer 2014 by ‘The Hobbit: There And Back Again’. It is of course controversial that a relatively short novel (389 pages in my edition) should be expanded like this into three films. There is perhaps a precedent in the case of the Harry Potter book/film series, where the seventh and last novel was split into two for the cinema, making eight films in all. There, however, the outcome was to keep a maximum of detail from the book. With ‘The Hobbit’, by contrast, the expansion is achieved by means of additions to the original story – reversing the more usual film adaptor’s practice of leaving material out.

 The additional matter appears to have been taken mostly from the author’s appendices to ‘The Lord of the Rings’, published at the end of its third part, and also, possibly, from other, unspecified and apparently unpublished, writings by Tolkien. Some of the new elements, however, look as if they have been invented by the director. The sequences involving the magician Radagast – only mentioned once in the novel – appear to have come from nowhere, and for part two we are promised a brand new female character, an elf-guardian called Tauriel.

 Here as with Harry Potter, the director has to deal with a highly informed and articulate fan community. Unlike J.K. Rowling, Tolkien is no longer with us to intervene personally in the filming, but his fan community is everywhere and even antedates the internet. Some fans have made it clear on-line that they would have preferred a film version free of interpolations, and are already calling for a shorter alternate version, without the additional matter and reflecting only the book they know and love.

 The evidence of part one, though, suggests the extra material is an improvement. Modern sensibilities over the absence of female characters are allayed by the importation of the elf-woman of power Galadriel from ‘The Lord of the Rings’. Thorin Oakenshield and Elrond both appear as more complex characters than in the book, and in particular the deepened relationship between Thorin and Bilbo helps underscore the themes of the hobbit’s mission and personal evolution.

 It does seem that the new material is in Tolkien’s spirit and has been introduced with all due care. Thus far, the changes deepen a story which has in any case been changed before, evolving in interaction with later stories. Ultimately, the tale of the ‘The Hobbit’, book and film(s), is a shared treasure which belongs to everyone – the author who wrote it, the director who transposes it, the fan community, and its readers/spectators in general. All are free to accept, reject or interpret Bilbo’s story in its latest form, a dynamic narrative taking on new life as a collective property in the internet age. As Bilbo himself says, ‘roads go ever ever on’, and so does the road of ‘The Hobbit’!

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La película ‘El Hobbit: un Viaje Inesperado’ (‘The Hobbit: An Unexpected Journey’), estrenada en diciembre de 2012, constituye la primera parte de la trilogía del realizador Peter Jackson basada en la muy querida novela de fantasía de J.R.R. Tolkien, ‘El Hobbit’ (‘The Hobbit’). De parte mía, fui fascinado por la película del inicio al final, pero no cabe duda de que a la vez esta cinta plantea unas preguntas más bien complejas relativas a la autenticidad narrativa y a la cuestión de pertenencia (¿a quién, a fin de cuentas, pertenece un relato, literario o cinemático?).

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 La primera edición del libro apareció en 1937, pero Tolkien revisó la narrativa en versiones posteriores publicadas en 1951 y 1966, para alinearla con la trilogía que había completado entretanto, ‘El Señor de los Anillos’ (‘The Lord of the Rings’). Así, una narrativa que inicialmente fue totalmente autónoma, relatando el viaje y el regreso a casa del hobbit Bilbo, cambió de naturaleza, convirtiéndose en un preludio a otra obra más extensa.

 Por ahora, cualquier juicio acerca de la nueva cinta tiene que ser provisoria: su contenido carece de autonomía, ya que no deja de ser condicionado por las segunda y tercera entregas – que el público todavía desconoce, aunque rumores y especulaciones no faltan. La película ‘El Hobbit: la Desolación de Smaug’ (‘The Hobbit: The Desolation of Smaug’) saldrá en diciembre de 2013, seguida en el verano de 2014 por ‘El Hobbit: Partida y Regreso’ (‘The Hobbit: There And Back Again’). Evidentemente, ha generado polémica el que una novela relativamente corta (en mi edición en inglés, no rebasa las 389 páginas) sea así alargada para crear tres películas. Hay tal vez un precedente en el caso de la serie de libros/cintas de Harry Potter y la escisión de la séptima y última novela en dos cintas, resultando en un total de ocho películas por siete libros. Allí, no obstante, el resultado fue la salvaguarda de un máximo de elementos del libro; en cambio, con ‘El Hobbit’, la expansión se consigue por la interpolación de material adicional. Así, se invierte la costumbre, más frecuente en la adaptación cinemática, de recortar la narrativa.

 El material adicional parece derivar principalmente de los apéndices al ‘Señor de los Anillos’ que Tolkien incluyó en el tercer volumen de la trilogía, y también, posiblemente, de otros escritos del autor, no especificados y aparentemente aún sin publicar. Sin embargo, algunos de los nuevos elementos tienen pinta de ser invenciones del realizador. Las secuencias con el mago Radagast – personaje nombrado una sola vez en la novela – parecen no tener antecedentes, y para la segunda parte se nos promete un personaje totalmente inaudito de sexo femenino, una elfa guardián llamada Tauriel.

 Como en el caso potteriano, el realizador tiene que llevar en cuenta la existencia de una comunidad de fans superinformada e hipercrítica. A diferencia de la señora Rowling, Tolkien ya no está entre nosotros para intervenir en persona en la creación de las cintas, pero su comunidad de fans es omnipresente e incluso es más antigua que la Red. Algunos fans han afirmado ya en línea que hubieran preferido una versión cinemática sin interpolaciones, pidiendo ya que se haga una variante más corta, sin el material adicional y reflejando únicamente el libro que conocen y aman.

 Con todo, la evidencia de la primera parte sugiere que el material nuevo aporta una mejora global. En respuesta a las sensibilidades modernas relativas a la ausencia de personajes femeninos, se ha importado a Galadriel, la poderosa elfa del ‘Señor de los Anillos’. Tanto Thorin como Elrond son aquí personajes más complejos que en el libro, y en particular la relación más profunda entre Thorin y Bilbo tiene el efecto de subrayar los temas de la misión y evolución personal del hobbit.

 Parece, de hecho, que el material adicional es compatible con el espíritu tolkeiniano y ha sido introducido con el debido esmero. Hasta ahora, las modificaciones confieren mayor profundidad a un relato que, en todo caso, ya sufrió cambios en el pasado, evolucionando en interacción con relatos posteriores. En última instancia, la historia del Hobbit, libro y película(s), es un tesoro compartido que pertenece a todos – el autor que la escribió, el realizador que la transpone, la comunidad de fans, y sus lectores/espectadores en general. Todos disponemos de libertad entera para aceptar, rechazar o interpretar el relato de Bilbo en su última manifestación, una narrativa dinámica que retoma vida  como propiedad colectiva en la época de las redes. Para citar al propio Bilbo, ‘roads go ever ever on’ (‘los caminos siguen para siempre’). Con ‘El Hobbit’ también, ‘se hace camino al andar’ …

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