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INSIDE GREY WALLS / DETRÁS DE LOS MUROS GRISES – GHOST STORY / RELATO DE FANTASMAS – CHRISTMAS/NAVIDAD 2020

This story came out of a family challenge at Christmas 2020 / Este relato es producto de un reto familiar de Navidad de 2020.

INSIDE GREY WALLS

The castle of the county’s chief family, still owned by that melancholy line, is shrouded in gloom, as if in a perpetual mist. Grey walls, grey turrets, grey buttresses: even the leaves of the creeper, grey-green, repeat the oppressive greyness. The lead-tinted windows are pinched and narrow, prison-like. Outside the grass gleams emerald, as if hope and joy still existed somewhere, but she lives immured on the inside of those grey walls, and many is the year since she last trod those lawns.

Sometimes she presses her brow to a window, and allows her weary eyes to take in the green expanse out there, filtered to a half-tone through the leaden panes. But green is not for her: she withdraws her gaze and returns to the four corners of her world. That high room with its vaulted ceiling is her universe. Four-poster bed, writing-desk and its chair, bookcase, dinner table, bathroom behind the curtains, and flap for receiving morning porridge, midday meal and supper: these objects have circumscribed her life in a procession of yesterdays. She is free to read and to write: without those distractions she might go mad. To interact with any other human being, there is only the deaf-mute woman of an uncertain age who comes daily to clean and bring food.

She has just finished her supper – clam chowder followed by braised lamb with onions, at least they confine her with decent food! – and returned the dishes to the flap. She sits at the writing-desk and picks up Traditional Ballads of Erin, bookmarked where she left off reading. Nothing has changed, nothing will ever change.

Her ears prick suddenly: somehow she feels an unaccustomed movement in the room. Or was it outside? She moves back to the window and gazes down: no sign of anyone out there. And then she feels a strange and unfamiliar chill at her heart. She turns round.

‘Here I am. I have kept my promise: have you?’. She hears those words, in that voice she knows from long ago. Yes, it is him. How could she not recognise the attraction of his tones?

She confronts him with her gaze and lets him speak. ‘Come’, he says, ‘Faery awaits us with open eyes and ears. All this time I was there. Come away with me. Listen: Just one more journey to the woods, the holes where spirits hide. That is our journey: come!’

She embraces him, with the acquiescence of surrender. He draws a circle around them and both take a deep breath.

The next morning, the deaf-mute maid sees to her consternation that the bowl with the breakfast porridge has not been taken in. She calls the butler on her bell: he forces the door. There spreadeagled on the four-poster bed, her limbs spattered with blood and a knife twisted into her heart, she lies, tranquil at last and unbonded to any being in this world or another.

DETRÁS  DE LOS MUROS GRISES

El castillo de la familia principal del condado, siempre la propiedad de esa estirpe melancólica, está amortajado en oscuridad como si en una bruma perpetua. Muros grises, torreones grises, contrafuertes grises: hasta las hojas del trepador, de matiz entre gris y verde, repiten el agobiante esquema ceniciento. Los vitrales, teñidos de color plomo, son puntiagudos y angostos, de cárcel. Afuera, el césped brilla esmeralda, como si en algún lugar aún existieran la esperanza y la alegría, pero ella vive reclusa en el interior de esos muros grises, y hace años que sus pies ya no pisan aquella hierba.

A veces acerca el frente a un vitral, y permite que sus ojos cansados asimilen los contornos del césped allí fuera, cuya brillantez se halla filtrada hasta un matiz semipastel por el vidrio de color plomo. Pero el verde no es para ella: retira su mirada y regresa a los cuatro rincones de su mundo. Ese aposento alto y abovedado es su universo. Cama de dosel, escritorio y su silla, librero, mesa de comer, baño detrás de la cortina, y apertura para recibir y quitar gachas de desayuno, comida de mediodía y cena: estos objetos han circunscrito su vida en un desfile de ayeres. Tiene libertad para leer y escribir: sin esas distracciones podría enloquecer. Para que ella pueda interactuar con cualquier otro ser humano, únicamente hay la mujer sordomuda de edad indeterminada que viene diario para hacer limpieza y traer comida..

Acaba de terminar su cena – sopa tipo chowder de almejas, seguida de borrego estofado con cebolla – ¡al menos en su confinamiento recibe comida decente! – y ha regresado los trastes a la apertura. Se sienta ante el escritorio y retoma su libro, Traditional Ballads of Erin, encontrando el marcapáginas allí donde lo había dejado. Nada ha cambiado, nunca nada cambiará.

De súbito su oído se agudiza: de alguna manera se da cuenta de un movimiento inusual dentro del aposento. O ¿sería allí fuera? Regresa al vitral y se asoma mirando hacia abajo: no hay señal de nadie afuera. Luego siente en su corazón un frío extraño e insólito, y se voltea.

‘Heme aquí. He mantenido mi promesa. ¿Y tú?’  Ella escucha esas palabras, en aquella voz que conoce desde un pasado lejano. Sí, es él. ¿Cómo no reconocer los acordes de su voz, tan atractivos?

Lo enfrenta con su mirada y lo deja hablar. Enuncia: ‘Ven. La tierra de las hadas nos espera. Nos ven, nos oyen. Todo ese tiempo estuve allí. Vete conmigo. Escucha: Sólo un viaje más al bosque, a los huecos donde se esconden los espíritus. Es ése nuestro viaje: ¡ven!’

Ella lo abraza, con la anuencia de la entrega. Él traza un círculo alrededor de ellos y ambos respiran fuerte.

La mañana siguiente la empleada sordomuda ve consternada que nadie ha recibido las gachas de desayuno. Llama al mayordomo, quien abre la puerta a la fuerza. Allí, tendida en la cama de dosel, con sus miembros salpicados de sangre y una navaja torcida en su corazón, ella yace, finalmente en paz y sin nada que la vincule a nadie, ni de este mundo ni del otro.